Cuando somos jóvenes, nos comemos la vida a bocados. Vivimos con prisa y no nos detenemos a valorar las consecuencias. Es la edad, dicen los mayores. Hacemos ese viaje con amigos, nos enamoramos de una persona ferozmente y abandonamos los estudios hasta las últimas semanas del curso. Nuestros padres ponen límites pero saben que es el tiempo idóneo para equivocarse. Ya madurará, se limitan a decir.

Fruto de esa bendita inconsciencia, en ocasiones nos dejamos llevar fácilmente por los impulsos. Y eso incluye tatuar nuestra piel con esa persona que amamos, esa fecha tan destacada o esa frase que representa para nosotros una forma de vida. También es habitual tatuarse frases o palabras en otros idiomas. El paso del tiempo provoca que asentemos la cabeza y nos arrepintamos de algunos de nuestros actos. Si queremos eliminar ese tatuaje que ya carece de sentido, podemos acudir a centros especializados en los que nos asesorarán y nos ayudarán a ello.

El procedimiento es sencillo pero requiere de unas fases bien diferenciadas. El láser constituirá el primer paso. Y luego se tendrá que curar la zona para evitar infecciones. Es importante una protección absoluta del sol, por los que se recomienda realizar este tipo de tratamientos en invierno. Unas cremas hidratantes y específicas para estos supuestos pondrán fin al proceso. Los resultados son realmente buenos si se siguen las pautas médicas correspondientes. Llegarás al verano con una imagen renovada.

Año nuevo, vida nueva

Si estás harto de verte ese detalle en la piel, da el paso y elimínalo. Además de los tatuajes, nos podemos encontrar con enfermedades dermatológicas que sí tienen un tratamiento concreto. Las manchas, eccemas, micosis fungoide o las afecciones ungueales tienen los días contados siempre que acudas a un centro especializado y profesional.