Cuando hablamos de bótox tendemos a pensar irremediablemente en el estiramiento de la piel de la cara y en señores y señoras que no quieren tener arrugas a partir de cierta edad. Pero las aplicaciones de esta técnica van mucho más allá de la mera mejora estética, ya que puede ser el remedio para muchos problemas como la hiperhidrosis axilar.

La hiperhidrosis en las axilas es básicamente la presencia exagerada de sudoración en esa parte del cuerpo, haciendo que muchas personas que la padecen sufran un calvario debido a la excesiva humedad que tienen en los sobacos y los malos olores que eso puede conllevar.

Para la mayoría de las personas, un tratamiento con polvos o desodorantes específicos puede ser suficiente para que la afección amaine. Pero hay otras muchas que no consiguen reducir la sudoración extrema, de forma que tienen que recurrir a medidas más potentes. Una de ellas es el tratamiento con bótox, que con una serie de sesiones conseguirá evitar el problema al 100% o al menos reducirlo de forma significativa.

¿Cómo debe hacerse el bótox en las axilas?

El bótox en las axilas es un proceso fácil de realizar y que no encarna ningún peligro. Mediante microinyecciones en la zona que se va a tratar, se va eliminado la sudoración excesiva de dicha zona. En el caso de las axilas, no es ni siquiera necesaria la anestesia, ya que será un proceso rápido y poco doloroso.

Una cosa para tener muy en cuenta es que los beneficios de este tratamiento no van a ser eternos, de forma que habrá que repetirlo cada 6 o 9 meses, debido a que la toxina butolínica tiene un efecto temporal. Por eso, es muy recomendable contar con un equipo de profesionales con grandes conocimientos en el tema, que sepan gestionar bien cada caso en particular, marcando bien los plazos para repetir el proceso.